Por: alfredolopez
Leelo en 14 minutos

De Michoacán a Los Ángeles: El Viaje de Una Empresaria Latina

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“Solía visitar a mi abuela en Michoacán cada año,” dijo Rosalía Hirtz, dueña de World Empanadas en Los Ángeles, “pero ya no he vuelto en más de 30 años.”

¿Por qué?

“Después de que falleció mi abuela, no soportaba regresar,” ella dijo. “La última vez que fui, vi que las calles que alguna vez conocí habían cambiado. Solo quedaba una sombra, una distante memoria de lo que conocí de niña.”

Al parecer, tu abuela fue importante para tu desarrollo inicial.

“Así es. Ella fue quien me enseñó a leer y escribir en español,” continuó. “Mi abuela nació de una familia mexicana en los años veinte en un pueblo pequeño de Michoacán. Era una mujer muy fuerte, con poder. No hablo del poder material, sino de un poder en su ser. Le gustaba mucho opinar, y una de las cosas que se me quedaron grabadas a través de los años fue su dicho: tu forma de ver la vida depende del color de lentes que te pongas.

Dando y Creando

“En mi cultura,” empezó Lía, “siempre le tuvimos respeto a la gente mayor. Eran miembros importantes de nuestra comunidad. Eran una fuente de sabiduría y de amor. La cultura aquí es diferente, la genta mayor no siempre es valorada.”

Después de abrir World Empanadas (su primer negocio) en sus años 50 (sin cuenta J), la pasión de Lía se mostraba claramente al hablar. “Amo la cultura americana, y creo que nosotros como gente mayor aún tenemos mucho por dar. Pero en esta cultura no existe el foro para darle voz y espacio a eso. Quisiera también que la gente mayor se involucrara más. No nomás los actores o las actrices, pero todos nosotros. Pienso que se olvidan de nosotros porque no somos jóvenes o porque no somos ‘interesantes.’”

Hablando de dar, el equipo de Camino Financial dijo que me iban a deducir mi salario si no te daba las gracias por mandarnos una docena de empanadas a la oficina. ¡Así es que gracias! Tocando el tema, quiero regresar a un punto que pienso que también forma parte de World Empanadas: el dar. ¿Nos puedes describir un poco más sobre como decidiste empezar tu primer negocio, qué te motivó, y por qué elegiste empanadas?

“Tuve la idea hace unos 10 o 15 años. Fue una idea que nació cuando fui con mi esposo a Argentina. Vimos que ahí las empanadas eran como los tacos; estaban en cada esquina y la gente las disfrutaba. Fue maravilloso ver la facilidad con la que la gente caminaba con las empanadas en mano. Obviamente, en ese entonces no tenía el dinero para empezar el negocio; por eso no lo hicimos más antes. Hace unos tres años, un conocido de nosotros nos ofreció un espacio dentro de su licorería para empezar el negocio. Nos ofreció seis meses de renta gratis, y fue cuando por fin empezamos.”

Es algo tan universal, el empezar de la nada, enfrentar lo desconocido, y en tu caso, instalarte en una licorería. Lejos de lo ideal, pero lograste persistir. ¿Qué vino después para ti?

“Durante este tiempo,” continuó Lía, “mi hijo Matt se hizo chef en Le Cordon Bleu de Pasadena. Le pregunté si quería emprender esto conmigo y me dijo que sí. En dos meses conseguimos tarjetas de negocio, la licencia de la ciudad, y todo lo demás. También decoramos un poco el espacio dentro de la licorería. Al principio, hacíamos las empanadas en la casa y probamos varias harinas hasta que logramos lo que queríamos.”

Así es que tu idea nació en Argentina (donde las empanadas son inmensamente populares), y empezaste a experimentar en casa. Entonces, ¿son argentinas tus empanadas?

“En verdad nuestras empanadas no son argentinas,” comentó. “La más argentina es la de elote dulce. Antes de que empezara la moda de restaurantes ‘mezcla,’ tuve la idea de mezclar las empanadas. La primera que probamos fue de frijoles con chile.”

¿Esa empanada es más estilo México?

“Posiblemente,” expresó Lía, “pero toda parte del mundo tiene algún tipo de empanada: básicamente harina con un relleno. En Inglaterra le llaman ‘pastelitos.’ Había una historia interesante en donde hacían la corteza bien gruesa y los trabajadores venían con las manos sucias a comer. Se comían la parte de en medio y tiraban la corteza que se ensuciaba.”

¿Dirías entonces que las empanadas tienen una atracción universal?

“Lo bonito de la empanada,” comenzó Lía, “es que le pones tu energía. Creo que cuando haces comida y la sostienes en tus manos, le otorgas tu energía. Para mí, es una gran responsabilidad el darle de comer a alguien; el que alguien ponga en su cuerpo lo que yo hice, y que me tenga esa confianza. Pero también es una comida sencilla. No tiene ingredientes lujosos. Solo lo básico. No tienen preservativos y son fáciles de comer. Son perfectas para la familia: el papá se puede comer las de carne, jamón y queso para los niños, y si hay alguien que es vegetariano, también tenemos esa opción.”

Lia Interview

Ahora sí veo. Regresando un poco a cuando iniciaste en la licorería: empezaste ahí pero después abriste tu propio local en mayo del 2015. Tenemos la curiosidad: en un lugar tan saturado como Los Ángeles, lleno de conocedores gourmet, ¿cómo ha respondido la gente a las empanadas?

“La gente ha respondido de manera muy positiva. La comida es un lenguaje. Comunicas a través de ella. Hay quienes no conocen las empanadas y preguntan, ‘¿qué es una empanada?’ y les digo, ‘¡es un pastelito de carne!’ Se lo comen y después regresan y dicen, ‘¡está muy rico!’ Hablamos con mucha gente y la respuesta de la comunidad ha sido enorme. Ha sido un poco abrumador, y eso que hemos hecho muy poca publicidad. Pero nos llega mucha gente, desde la gente que viene a lonchar hasta la joven esposa que no quiere cocinar. Les encantan.”

Hablando de la joven esposa, ha crecido el número de empresarias latinas en este país, y existen miles jóvenes más que quieren meterse en la jugada. ¿Cuáles son algunos de tus pensamientos sobre ser una empresaria latina, y que les dirías a las jóvenes empresarias latinas?

“No soy alguien que toma las cosas muy en serio,” comentó Lía, “me encanta que tenemos la habilidad de hacer lo que queremos. Mucha gente me dijo, ‘¿Qué estás haciendo? Quédate en lo que sabes. No tienes la menor idea del negocio de los restaurantes, es muy competitivo.’ Y me dije, mucha gente tiene éxito en tantas áreas, ¿por qué no yo? Y eso me dio mucha fuerza para pensar y seguir mis instintos. Mi mensaje a jóvenes latinas sería que si te apasionas por algo y crees en tu idea, lee, aprende, diseña un plan, y lánzate. Yo no tenía ninguna experiencia en negocios, pero hago muchas preguntas. Sinceramente, soy mala para las matemáticas y todo lo demás, pero creía en lo que estaba haciendo. En vez de ver los obstáculos dije, ¿por qué no yo? Empiezas paso por paso y de todos modos vas a cometer cientos de errores, pero si eres persistente y sigues adelante, nada te puede parar. A mis 58 años, hubieron muchas ocasiones donde me pregunté, ‘¿qué estoy haciendo?’, pero después seguí con mi meta.”

Al parecer, tu creencia y tu fuerza interna fue lo que te ayudo a enfrentar tus obstáculos.

“Lo que quiero decir,” explicó Lía, “es que lo que al fin te abre las puertas y te genera el éxito es el saber que tienes la capacidad para hacer lo que tú quieres. Lo peor que puede suceder es que nos desanimamos y permitimos que eso nos detenga. Tienes que aceptar que a veces no te salen las cosas: tómate un día para reflejar y descansar y después continúa. Creo que ese es el secreto de las cosas.”

¿Y para alguien como tú? Hay miles de mujeres de tu edad que se desaniman y se detienen en empezar un negocio o proyecto, o simplemente tienen miedo de enfrentar lo desconocido. Si pudieras tomarte un cafecito con ellas, ¿qué les dirías?

“Alguien que yo admiro me dijo que regresara a la escuela porque decía que yo era inteligente. Y pensé, ‘estoy tan vieja, yo no quiero regresar a la escuela.’ Entonces me dijo, ‘¿Pues entonces que más vas hacer? Fue cuando se me prendió el foco. Si de veras quieres hacer algo tienes que dejar de ver lo imposible. La mayoría de nosotros, especialmente a mi edad, se enfocan en todo lo difícil, todas las imposibilidades. Estamos alrevesados. No vas hacer nada si nomas te quedas ahí sentado hasta que te mueras. Yo soy latina y tengo 58 años, y como cualquier persona, tengo muchos retos que sobresaltar. Tú nomas sigue adelante. A lo mejor en tus cincuentas, como yo, ya no estas saltando, pero puedes darle la vuelta lentamente. Usa una escalera o un trampolín, ¡pero tú sigue adelante!”

En tu opinión, ¿son subestimadas las personas mayores?

“La gente subestima el valor que puede ofrecer la gente mayor a las generaciones jóvenes, claro. Tenemos tanto que dar y ofrecer. Creo que una de las cosas más valorables que podemos ofrecer es la idea que aunque seas pobre o no tengas nada, tienes que sentir que tienes el derecho de ser. Lo tienes que sentir; adueñarte de ese sentimiento. Eso fue de mucho valor para mí, cuando por fin reconocí mi derecho de ser. No puedes discriminarme si no lo permito. Siente el derecho de ser y nada te puede detener de lo que quieres alcanzar. Yo nací con una mancha de nacimiento y de niña fui intimidada por otros. Al fin yo me dije, pues lo siento si no me veo como una modelo o si no soy hermosa, pero aquí estoy. Vivimos en una cultura que exige que nos veamos de cierta manera, que nos comportemos de cierta manera, que nos vistamos de cierta manera; pero yo encuentro eso muy ofensivo. Al final de cuentas, todos somos personas. Naciste grande.

Me parece genial. Creo que es un mensaje importante tanto para la gente joven como para la gente mayor. Concluyendo, ya que acabamos de empezar un ano nuevo, ¿qué estás buscando lograr este año, tanto personalmente como profesionalmente con World Empanadas?

“Estoy contenta de seguir creando,” comentó Lía. “Creo que es lo más emocionante en esta vida. El crear. Yo siempre digo, me quiero morir con una botella de vino y algunos rasguños. También estoy esperando crecer la marca de World Empanadas para alcanzar una audiencia más grande. Quiero que la empanada sea tan conocida como el burrito. Por último, quiero convertirme en el Starbucks de las empanadas. ¿Por qué no yo?

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